Ana Belén; Su marido señaló una imagen de su Vision Board y le dijo: «Cariño, eso va a ser muy difícil»
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Su marido señaló una imagen de su Vision Board y le dijo: “Cariño, eso va a ser muy difícil.”
Ana Belén respondió con una frase aparentemente inocente: “Nunca se sabe lo que puede pasar…” Meses después, los dos recordarían aquella conversación.
Cuando Ana Belén empezó a construir su Vision Board, nunca hubiera imaginado que uno de sus principales deseos iba a ser precisamente el que más dudas despertaría en su propio marido.
Ana es opositora a bibliotecas. Durante mucho tiempo había trabajado en un lugar en el que no se sentía feliz ni realizada, hasta que decidió cambiar el rumbo de su vida y luchar por la profesión que realmente quería.
Cuando hizo aquel Vision Board acababa de casarse y estaba completamente centrada en sus oposiciones.
Así que empezó a llenarlo de imágenes relacionadas con todo aquello que quería construir.
Su futuro profesional.
Dinero.
Un viaje a Florencia.
Su familia feliz y sana.
Pero entre todas aquellas imágenes había una que llamó inmediatamente la atención de su marido.
La señaló.
Ana lo miró.
Y contestó:
Probablemente ninguno de los dos imaginaba entonces hasta qué punto volverían a acordarse de aquella frase.
Porque para que esa imagen terminara acercándose a la realidad tenían que encajar demasiadas piezas.
Y la primera empezó a moverse de una forma que Ana no esperaba.
¿Qué había puesto Ana en aquella imagen?
Quería dejar atrás el alquiler.
Después de años viviendo en una casa que no era realmente suya, Ana quería que ella y su marido pudieran mudarse a un hogar propio.
Pero decir “quiero comprarme una casa” era demasiado genérico para ella.
Ana empezó a imaginar algo mucho más concreto.
Quería un ático.
Quería que fuese bonito.
Quería unas vistas increíbles.
Quería espacio.
Quería encontrarlo a un precio que pudieran permitirse.
Quería poder amueblarlo fácilmente.
Quería tener dinero suficiente para poder comprarlo sin que todo aquello se convirtiera en una pesadilla.
Incluso había empezado a imaginar pequeños detalles de la vida que tendrían allí.
Ella.
Su marido.
Y hasta un gato.
Sobre el papel sonaba maravilloso.
La realidad, sin embargo, estaba a punto de ponerse bastante menos romántica.
El propietario de la casa donde vivían les comunicó que necesitaba recuperar la vivienda.
Tenían que marcharse.
De repente, aquello que hasta entonces era una imagen colocada en un Vision Board dejó de ser solamente un deseo de futuro.
Ahora tenían que encontrar una nueva casa.
Y tenían que hacerlo de verdad.
Ana recuerda que en ese momento hubo algo que le hizo pensar inmediatamente en su Vision Board.
Aproximadamente un mes antes, mientras miraba su tablero, aquella posibilidad ya había pasado por su cabeza.
Pero no podían quedarse esperando a ver qué ocurría.
Así que hicieron lo lógico.
Empezaron a buscar otro alquiler.
Y ahí apareció el siguiente problema.
Los precios que encontraban eran demasiado altos para lo que las viviendas les ofrecían.
Cuanto más buscaban, menos sentido parecía tener volver a alquilar.
Hasta que Ana planteó una posibilidad que cambiaba completamente el plan.
Su marido terminó dándole la razón.
Y empezaron a mirar viviendas.
Fue entonces cuando apareció un anuncio.
Habían visto muchos pisos. Pero aquel era diferente.
Porque cuanto más leían y más veían, más difícil resultaba para Ana no relacionarlo con todo aquello que llevaba tiempo imaginando.
Para empezar:
Era un ático.
Tenía dos habitaciones grandes.
Tenía no una, sino dos terrazas.
Tenía garaje.
Tenía piscina.
Estaba completamente amueblado y prácticamente nuevo.
Su propietario lo había comprado inicialmente para alquilarlo y lo había preparado con todo tipo de detalles antes de decidir finalmente venderlo.
Eso significaba que Ana y su marido prácticamente podían llegar y empezar su nueva vida.
Pero todavía quedaba uno de los detalles que más había imaginado Ana.
Las vistas.
Y cuando vio lo que había delante de aquel ático...
El precio, además, encajaba con lo que estaban buscando.
Era difícil no recordar entonces algo que alguien le había dicho durante aquella búsqueda:
Ana había pensado:
Y allí estaba.
El ático.
Las terrazas.
Las vistas.
El espacio.
Los muebles.
El precio.
Por un momento, parecía que todas las piezas empezaban a colocarse.
Hasta que hicieron números.
Para poder continuar con la compra necesitaban aproximadamente 42.000 €.
Y ese dinero no estaba disponible.
Encontrar el ático había sido solamente la primera parte.
Ahora había que conseguir comprarlo.
Y de repente aquella vivienda que parecía encajar punto por punto con lo que Ana había estado visualizando podía escapárseles.
Sin embargo, había una posibilidad.
Existía una propiedad perteneciente a la familia de su marido que podía venderse.
Si se vendía, la parte correspondiente a él podría proporcionarles el dinero necesario para afrontar la entrada.
Sobre el papel parecía la solución perfecta.
En la realidad había un pequeño gran problema:
había que venderla.
Y nadie podía saber cuándo aparecería un comprador.
Podían ser días.
Semanas.
Meses.
Mientras tanto, el ático que habían encontrado seguía sin ser suyo.
Incluso su marido intentó hacerle ver todas las piezas que todavía tenían que encajar.
Ana le respondió con una de esas frases que ahora resulta difícil leer sin conocer lo que ocurrió después:
Y Ana siguió haciendo algo cada día.
Volvía a su Vision Board.
Lo miraba conscientemente.
Se detenía en las imágenes.
Pensaba qué podía hacer ella para acercarse a cada uno de sus objetivos.
Y escribía.
Escribía que habían encontrado un ático precioso.
Que tenía unas vistas increíbles.
Que tenía todo lo que necesitaban.
Que el precio era perfecto para ellos.
Que podían instalarse fácilmente.
Que aquella propiedad familiar se había vendido.
Que tenían dinero suficiente para pagar la entrada.
Y entre todas aquellas frases había una cifra que Ana repetía una y otra vez.
Lo curioso es que no era exactamente la cantidad que necesitaban.
Necesitaban unos 42.000 €.
Pero Ana escribía:
Una y otra vez.
Y mientras ella seguía escribiéndola, la propiedad familiar salió a la venta.
Entonces ocurrió algo que aceleró toda la historia.
Eso fue lo que tardó la propiedad familiar en venderse.
Tres días.
Después de toda la incertidumbre sobre si podrían reunir el dinero, apareció un comprador y la vivienda se vendió.
Ahora faltaba saber una cosa.
Cuánto dinero les correspondería finalmente.
Recuerda las cifras.
Para la entrada necesitaban aproximadamente 42.000 €.
Ana llevaba escribiendo: 50.000 €.
Cuando finalmente supieron cuánto dinero recibirían...
Suficiente para afrontar la entrada de aquella vivienda que meses antes su marido había considerado el objetivo más difícil de todo su Vision Board.
Cuando Ana nos contó su historia estaban ya realizando los trámites para poder mudarse cuanto antes a su nuevo hogar.
Pero aquí podríamos terminar la historia y nos dejaríamos fuera uno de sus detalles más curiosos.
Porque había algo más que Ana había escrito cuando imaginaba aquella nueva vida.
Algo mucho más pequeño que un ático.
Mucho menos importante que 50.000 €.
Y precisamente por eso quizá resulta todavía más divertido.
Ana había escrito que en aquella nueva vida tendrían un gato.
Un mes antes de compartir su historia con nosotros, un gatito apareció en sus vidas.
Y decidieron quedárselo.
El ático.
Las vistas.
El dinero para la entrada.
Y ahora también el gato.
Pero si nos quedáramos solamente con esta sucesión de acontecimientos, nos perderíamos probablemente la parte más importante de todo lo que Ana nos contó.
conoce más sobre ella en su perfil de instagram:
Hay una frase de Ana que quizá te haya pasado desapercibida
Cuando le preguntamos si había cambiado algo en su día a día después de crear su Vision Board, su respuesta fue muy concreta.
Y ahí hay una diferencia enorme.
Ana no hizo una cartulina, la colgó en una pared y se olvidó de ella.
Miraba.
Escribía.
Buscaba.
Tomaba decisiones.
Cuando los alquileres no encajaban, consideró comprar.
Cuando todavía no tenían resuelto el dinero, siguió mirando viviendas.
Y cada día volvía a preguntarse qué podía hacer para acercarse a aquello que había decidido construir.
Por eso hay una pregunta que quiero dejarte antes de que cierres esta historia:
Hay un detalle en la historia de Ana que quiero enseñarte a aplicar en tu propio Vision Board.
Porque probablemente te hayas quedado pensando: ¿qué hacía Ana para mantener durante meses esa conexión con lo que quería conseguir?
Y, sobre todo, ¿por qué algunos Vision Boards terminan convirtiéndose en una herramienta que miras, utilizas y trabajas mientras otros acaban olvidados en una pared?
Esa diferencia es precisamente una de las cosas que vamos a trabajar juntas el próximo 8 de octubre.
Y cuando entiendas lo que hay detrás, probablemente no vuelvas a construir tu Vision Board de la misma manera.
QUIERO DESCUBRIRLO EL 8 DE OCTUBRE →